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viernes, 1 de abril de 2011

Las historias de Max. Capítulo 1

Presentación.

Como bien dije al inicio de este blog, este será un blog donde subire fanfics de trabajos literarios o dramaticos u otras cosas similares. Pues aquí os presento un nuevo "fanfic" que tratará de One Piece también, pero del personaje de un Foro rol de OP (akumanomi) y sus historias a contar, las cuales son aleatorias y sin orden de ningún tipo, si deseaís saber más sobre este foro o este personaje, visitar la web y registraros, os lo recomiendo.

Dicho esto, aquí teneís la primera "Historia de Max"


Un día de Pesca

Introducción:
Esta historia ocurrió hace mucho tiempo, exactamente el jueves 19 de marzo de 1997, ese día yo cumplía 5 años y mi padre me quería hacer un regalo muy especial, él me quería enseñar a pescar, algo que mi padre adoraba y que por tanto deseaba enseñarme cuanto antes, pues para él era algo muy importante. Pero a él no le agradaba nada llevarme al pueblo. por donde teníamos que pasar para ir a pescar, de hecho solo íbamos al pueblo para lo indispensable, para el resto nos quedábamos en nuestra casa, que se encontraba en un valle alejado del pueblo. Pues como todos recordareis, en Lvneel, mi familia no es muy apreciada por apellidarse Montblanc.

Un día de pesca:
-¿Maxy, estás preparado para recibir tu regalo de cumpleaños? -preguntaba mi padre, quien se ocultaba en el pasillo para esconder mi regalo mientras hablaba y me entretenía con sus monólogos, mientras me hacía impacientar para que le pidiera a gritos mi regalo, y así el de un salto ponerse delante de la puerta para que le viera.
-¡Si! -conteste yo, mientras daba pequeños saltitos con los brazos alzados.
-¿Estas seguro? ¿De verdad estas preparado para recibir tú regalo? -me preguntaba para así hacerme esperar más.
-¡Si! ¡Quiero verlo! -conteste de nuevo y corrí hacía el pasillo para descubrirlo antes de tiempo.
-¡Ahjaja! -gritó mi padre al tiempo que daba un saltito para ponerse en medio de la puerta, justo delante de mí-. ¡Aquí tienes tu regalo! -en su mano derecha llevaba una caña de pescar para principiantes nueva, y en la otra mano, una mochila y una caja con el resto de accesorios.
-¿Una caña de pescar?... -dije dudoso-. ¡¿Me vas a enseñar a pescar?! -grite eufóricamente, ya lo había entendido.
-Si, y además esta caña es para ti, aun eres muy pequeño para utilizarla, pero yo te ayudare -me dijo completamente emocionado-. ¿De verdad te gusta?
Recuerdo que no me apasionaba la idea de ir a pescar, pero solo el ver tan feliz a mi padre, me hacía pensar que me lo pasaría genial, así que le conteste con un movimiento afirmativo de cabeza, a lo que él contesto:
-De acuerdo, pues entonces vístete rápido, dale un beso a mamá,; pero con cuidado no la despiertes, y vayámonos -me dijo alegremente, tras lo cual nos pusimos en marcha.
Enseguida nos pusimos en marcha, tardamos una media hora en llegar al pueblo, el cual teníamos que atravesar si o si, además teníamos que ir al puesto de pesca para coger cebos, ya que se nos habían acabado.
Cuando entremos en el pueblo mi padre me cogió del hombro y me junto contra su pierna, tras ello me dijo-. Cariño, tú no te separes de mí y no hagas caso a las malas miradas ni a lo que oigas. Yo no respondí nada, pero no dude en hacerle caso, pues su cara era muy serie, y eso era algo raro en él. Mientras íbamos andando, como el ya me había avisado, la gente nos miraba malamente y murmuraban cosas a nuestro paso, solo algunos eran los que nos saludaban y se dignaban a mirarnos buenamente.
Lleguemos a la tienda, donde un amable dependiente de aproximadamente unos sesenta años, que se caracterizaba por su vestimenta pesquera y el largo pelo blanco acompañado de un bigote y una barba blanca, nos atendió.
-¿Qué deseáis? -nos preguntó con una sonrisa en la cara
Hijo, dile al dependiente que es lo que queremos -me insistió mi padre, dándome pequeños empujones en los hombres para que fuera al mostrador.
Yo lo mire a la cara y al ver su rostro relajado, me relaje yo también, di 2 pasos hacía el mostrador y me puse de puntillas para llegar a el mismo, una vez colocado le dije al dependiente-. Queremos unos cebos para pescar -le dije, a lo que el dependiente me contesto con una sonrisa y dándome los cebos; mi padre, quien ya debía saber su precio, lo dejo al momento sobre el mostrador y nos marchemos, pero cuando estábamos en la puerta se oyó una voz desde dentro que hablaba con el dependiente.
-¿Como puedes venderles a esa escoria? -dijo con un tono  despreciable, a lo que el dependiente no contesto, o al menos no verbalmente. Mi padre se paró un momento y a punto estuvo de girarse e ir a por aquel joven, pero yo le cogí de la mano y se la apreté fuertemente, teniendo como consecuencia que mi padre volviera a su tarea.
Llegamos a la playa y nos pusimos sobre un saliente donde no había gente, allí mi padre me sentó y después se sentó él detrás de mí rodeándome con las piernas, cogió la caña, preparo todo lo necesario y empezó a enseñarme. Así fue como pasemos todo el día hasta casi el anochecer, que nos volvimos para casa.
De camino a casa, cuando estábamos saliendo ya del pueblo, nos encontramos con tres jóvenes, uno decía ser el cliente de la tienda de pesca que nos llamo escoria y los otros dos, eran sus amigos. El que antes estaba en la tienda y otro de sus amigos, fueron y rodearon a mi padre, mientras el otro amigo me cogió a mí y me aparto, tras decirse unas palabras que yo no llegue a escuchar, mi padre se fue con ellos, pero antes me grito-. ¡Maxy, vuelve a casa, luego iré yo que tengo que hacer unas casas!.
Como mi padre bien me dijo, yo volví a casa y allí le conté todo a mi madre, mi madre me hizo una rica cena y me felicito por mi cumpleaños, tras esto me envió a la cama, yo no quería, pues quería esperar a mi padre, pero ella me obligo. Me fui a la cama y sin salirme de allí estuve esperando a mi padre, quien tardo una media hora más en llegar, cuando llego a casa mi madre pego un pequeño chillido; pero no pude enterarme de nada más, pues ya me estaba durmiendo antes de que mi padre llegara.
Al día siguiente le pregunte a mi madre que dónde estaba papá, ella me dijo que estaba trabajando y que ya volvería luego, pero paso una semana hasta que lo volví a ver, y no venía del trabajo, si no de la cama.

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